La edad de piedra

Nadie supo nunca dónde iba cada noche mi abuelo. Si me pedís opinión, yo supongo que nadie preguntó jamás. Pero el otro día me encontraba lo suficientemente ebrio como para quedarme dormido en el desván. Al despertar con vergüenza y sin ropa, preposiciones que se podían invertir la noche previa, me topé con una caja…

Desubicado

      No quiero que te lo tomes a mal, pero me pareces un subnormal. No es algo único, es extensible a todo ser consciente y más o menos sintiente. No tiene nada que ver con un sentimiento de superioridad, más bien al contrario. Dudo sobre cada acto, decisión, incisión y sensación que poseo….

Avaricia

  Hay algo bastante desagradable en enterrar un corazón. No en el acto en sí, pues todos acabamos haciéndolo tarde o temprano, hablo más de esa mezcla de tierra, sangre limpia y sangre sucia. Se forma un emplaste que atrapa tus dedos y te inhabilita la capacidad de manipular cualquier cosa. Hay algunos que son…

Cuando las palabras se precipitan y el silencio cede

    Entré en el bar con mi nube de palabras encima, llovían sin parar. Nadie notó mi presencia, aunque debo confesar que yo andaba absorta en mi mundo, por lo que tampoco percibí más que mi fenómeno meteorológico. Las palabras rebotaban en mi cabeza, lo que habría dado por un parapalabras cargado de silencios….

La indignación de los Segundos Nombres

En la gran urbe de Ciudad Onomástica convivían dos clases de habitantes. Por un lado estaban los Primeros Nombres (también conocidos como Nombres Propios), como por ejemplo Julio en Julio Alberto, o Ana en Ana Paula. Por otro lado, estaban los Segundos Nombres, como Alfonso en Luis Alfonso, o Elena en María Elena. Eugenio era…