Desubicado

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No quiero que te lo tomes a mal, pero me pareces un subnormal. No es algo único, es extensible a todo ser consciente y más o menos sintiente. No tiene nada que ver con un sentimiento de superioridad, más bien al contrario. Dudo sobre cada acto, decisión, incisión y sensación que poseo. Intento compartir, escuchar, atender y distender el ambiente. Sé que mi enfermedad es la curiosidad y mi dolencia es padecer la falta categórica de la misma. La paz de lo subnormal.

 

                                                                                                                     ¿Me estás escuchando?

 

De pequeño, tenía la ilusión de tener un pez de colores. De todos a ser posible. ¿Sabes que me ocurrió? Se me quitaron las ganas. No tuvo nada que ver con que se me quitara la ilusión. Simplemente se me pasó el deseo momentáneo. Luego se me pasaron todos los deseos a medio plazo y después los futuros deseos que aún no conocía. Ahora ignoro que impulsa mis piernas a caminar con tanto brío. Me conformo. Duele. Pero me sigo conformando. ¿Alguna vez has sentido que estás acelerando mientras tienes el freno de mano echado? Como cruje el motor, las válvulas se sobrecalientas y, como todo, te provoca un terrible dolor de cabeza. El inconformismo tendría que estar penado con la muerte prematura e inesperada.

 

                                                                                                                   No me estás escuchando.

 

¡Te digo que mereces la pena! Las cosas que te dan tanta rabia y te frustran no están en los demás. Está en ti. También todo lo bueno, que parece que es algo que se nos olvida. El mundo está lleno de huecos llenos de magia y esquinas llenas de putas. El contraste entre la leche fresca y el café torrefacto asqueroso. Ojalá fuera legal la eutanasia ajena y querernos en público. Ojalá pudiéramos respirar nuestro propio humo y anestesiarnos hasta dar con los dientes en la tumba.

 

                                                                                                                          ¿Me escuchas ahora?

 

Que complicada es la empatía. Casi tanto como la trigonometría o mantener una dieta equilibrada. La autocrítica y la autodestrucción se dan dentelladas la una a la otra, a centímetros, mientras se respiran encima. Como dos amantes que se odian. Como dos enemigos que se aman.

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                            ¿Te escuchas?

 

 


Encontraron el cuerpo en un lugar inapropiado. Carente de cualquier rasgo distintivo. Lleno como una piñata de contradicciones y sentimientos sin escuchar. Tan humano y tan objeto como cualquiera de nosotros. En una ciudad demasiado pequeña o en un cuerpo demasiado grande. Con el único abrigo de la indiferencia inherente y la desconfianza ajena. Solo se escuchaban murmuros, conversaciones propias divididas en esquilas, retazos de una mente desquiciada, de una persona desubicada.

 

 



La ilustración es de Ximi

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