Vacaciones de Muerte

Ilustración_sin_título 63.JPGSoy adicta al trabajo, sí, me definiría como una especie en peligro de extinción. No puedo evitarlo, soy incapaz de disfrutar de la nada y me siento inútil sino estoy realizando mi cometido.  Pero los años pasan y el estrés aprieta, así que, haciendo caso omiso a mi naturaleza productiva, decidí que solo por este año estaría unos meses sin trabajar. Y lo que para muchos es una bendición para mi resultaba un suplicio. Alguien altamente cualificado debería suplirme durante mi período de desconexión, por lo que me vi obligada a poner un anunció en Infojobs. Me dispuse a escribir el anuncio: “se busca persona encargada de mantener el equilibrio biológico del planeta mediante la defunción de organismos cuya fecha se encuentra próxima a la caducidad. Experiencia no requerida ni aceptada. Estudios básicos. Se valora el carné B1 de conducción y el nivel C1 en inglés. Salario a convenir”. Se inscribieron miles de personas y concerté entrevistas con otras tantas. Y al final me decidí por un sujeto un tanto característico llamado Mateo. Mateo había cumplido los 23 años, tenía muchas ganas de empezar a trabajar y era muy risueño. Biólogo recién graduado, adicto a las telenovelas y amante de la música jazz. Era una mezcla extraña, tierna a la par que patética, y, además, aún, desconozco si poseía un gran sentido del humor o era en realidad de la inocencia, puesto que desde el primer minuto no pude contener mi risa.

 

Semanas después de la entrevista, llamé a Mateo con la resolución de la convocatoria y le dije que el puesto era suyo durante los dos meses de verano. Eso sí, insistí en que debía acompañarme un par de días antes de empezar su contrato para poder enseñarle las peculiaridades del trabajo y los entresijos de sus funciones. Seguro de sí mismo, dijo que si unos minutos antes le explicaba lo que tenía que hacer era suficiente. Y eso es lo que hice, cuando llegó le di el uniforme y le proporcioné un esquema plastificado sobre como debía iniciar el proceso de extracción de forma sencilla e indolora. Mateo asintió y me confié. Cogí la maleta, la hamaca, el flotador y la sombrilla, y me fui a la isla desierta más remota del planeta para poder descansar de años de esclavitud laboral.  Fue tanta mi desconexión que dejé el teléfono en modo avión durante dos meses, no quería saber nada de las redes sociales y mucho menos de las catástrofes de las noticias. Creo que ese fue mi gran error, podría haber evitado todo lo sucedido y no quedarme sin trabajo.

Cuando volví de mi retiro espiritual, me encontré a Mateo enganchado a la televisión con la capa puesta y con una crisis de pánico. Lo zarandeé exigiéndole explicaciones. Mateo, entre lágrimas, me confesó lo sucedido. No había prestado toda la atención el primer día de trabajo, había perdido las instrucciones y se había dejado llevar por sus sentimientos dejando al primer sujeto medio vivo-medio muerto, desencadenando un apocalipsis zombie sin supervivientes. No sabía si consolarlo o terminar con su existencia inútil. Me puse la capa y recuperé mis funciones, La Muerte se había quedado sin trabajo y con un chico traumatizado del que cuidar, el infierno era esto, nunca unas vacaciones habían sido tan mortales.

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