El dominio del Señor Garfunkel

 

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Siempre he sido un galante de patas oscuras amante de los pasatiempos refinados. Analógico de nacimiento, y fiel a mis bigotes. “ Un bon vivant “ de los de manual. Ya saben…uno de aquellos que resultan difíciles de pescar pero que al mínimo movimiento embaucador de cola terciopelo pican el anzuelo. Con aras de superioridad, siempre atento a los movimientos de los demás sin que estos se percatasen, elegante y de distracciones plácidas. Un antihéroe con quien tomarse un vaso de leche rebosante. Conocedor de los rincones más mágicos de este universo de cuatro paredes en el que habito.

Eso sí, debo advertirles que aunque mi porte es preferible al de un rey, no puedo responsabilizarme del trozo de carne andante que comparte vida conmigo. Les aseguro que aún siendo todo lo adorable que es, posee unos gustos pésimos y una actitud vital propia de una seta. Al contrario de lo que ustedes esperan, debido a la gran imagen que se han hecho de mí, pese a que he puesto la mitad de mi empeño en producir alguna especie de cambio, reacción o combustión en ella, como esparcir todos sus desechos por casa, comerme su comida o comprimirle el tórax con todo mi peso, ella ni se percata. Así que desesperado, he decidido tomar cartas en el asunto, ganar dinero y aprovecharme de su condición vulnerable y de su ingenuidad para conseguir fama y dinero, y unas cuantas latas de atún del bueno. Y no es que a mi me sobren ganas de hacer cosas, verán, que mis 18 horas de sueño no me las quita nadie, pero a sabiendas de lo fácil que me resulta ganarme a la gente, y renunciando en parte, a mi notoria distinción, he abierto una cuenta en Instagram dedicada única y exclusivamente a ese ser tan inocente de medio metro del que me hago cargo, porque ¿A quién no le entretiene ver a un mono en bicicleta, un mono cepillándose los dientes o viendo un película de domingo en plena crisis de pánico y ansiedad? Sinceramente, la gente queda hipnotizada y extasiada ante el encanto e inocencia de un Homo Sapiens haciendo fotografías a su comida o selfies en la playa. Nunca pensé que tendría tanta repercusión, de hecho, lo que empezó como puro aburrimiento y territorialidad, se ha convertido en dinero seguro a final de mes. El problema es que ella no sabe nada, me gusta captar su espontaneidad, así que con mis dotes de ninja me escondo en los recovecos menos esperados para atrapar la belleza de su decadencia. Incluso, me han ofrecido un papel protagonista para mi pequeño ser en una película de superproducción, pero me niego, eso es maltrato animal. Eso sí, como tapadera sigo haciendo como si nada hubiese cambiado, como si fuese ella la que estuviese al mando. Pero amigos, aquí solo mando yo, bueno yo y vuestros me gustas. Este es mi reino, mi dominio.

-Señor Garfunkel, a cenar. ¿ Quién quiere una latita?

-Miau, miaaaau, miau.

 

La  ilustración es de LazloKovacks a quien podéis seguir en su cuenta de instagram.  .

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