Cazadora de Neón

La ilustración es de Melania Badosa
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La ciudad respiraba como si tuviera un edema pulmonar sin tratar. Pesada, silbante, agónica. Las fachadas de los edificios se lanzaban hacia delante, intentando devorar a los viandantes conectados permanentemente a la red. Sus skins brillaban en sus globos oculares mientras movían los dedos con rapidez en el aire. Abrían menús y pujaban con cryptos por una mascota digital capaz de bailar reggea mientras hacía un emoticono de un corazón. Los carriles peatonales los dividían por el número que pusiera en su pasaporte digital y caminaban sin prestar atención a los escaparates con carteles de se alquila o la basura acumulada en las bocacalles más estrechas. Las ratas esquivaban con confianza a las personas. Se habían acostumbrado a que las ignoraran y ahora eran capaces de conseguir jugosos botines sin que nadie las persiguiera con una escoba. Los drones sobrevolaban la ciudad, cargados de paquetes con gadgets y ampliaciones de memoria, en una marabunta coordinada que dotaba a la ciudad de un permanente color plomizo, como si el cielo estuviera constantemente nublado. La lluvia ácida asolaba las regiones poco pobladas, pero en las grandes urbes eran repelidas por gigantescos sistemas de aire acondicionado. Oasis artificiales en un desierto terroso.

Un mensaje destelló en los ojos de Legión. Hacía mucho que se había arrancado las córneas digitales, pero era capaz de piratear las señales con un casco que se había hecho ella misma. El mensaje era intrascendente, lo que la hizo sonreír con euforia fue el destinatario. Lo localizó con unos sencillos movimientos de sus iris y una marca roja parpadeante apareció en un mapa tridimensional. Encendió el streaming con el teclado de su brazo artificial y activó a Bakunin. La bolsa que llevaba colgada a la espalda se movió levemente y, mientras Legión seguía mirando el mapa con interés, la dejó en el suelo y la abrió. El gato robótico salió de ella y ronroneó y se restregó por la pierna de Legión. Solo era una rutina que había programado con facilidad, pero prefería que Bakunin se comportara como un gato, aunque no lo fuera. Ella también tenía sus contradicciones. Cogió las cuatro patas del gato y lo lanzó con impulso hacía arriba. El gato equilibró su cuerpo en el aire y se agarró a un saliente de un edificio por el que escaló hasta la cornisa. Ahora tenía un segundo par de ojos en las alturas. Comprobó que la trasmisión de Bakunin no tuviera caída de frames mientras saludaba a su audiencia del directo.

—¡Hola conectados! Legión retrasmitiendo. Acabo de encontrar a uno de los escurridizos ¡Gracias Melania_Bdos por los cien bytes! Espero que tengas una VPN o los uniformados se presentarán a saludarte. Para los agentes del orden que estén en el directo solo os puedo decir dos cositas: comedme el culo y pilladme si podéis.

Legión se apretó la cincha del casco y comenzó a correr por la calle, saltándose todo los protocolos del pasaporte digital. Apartando a la gente que se le cruzaba por el medio que reaccionaban con auténtico pavor al ver semejante muestra de agresividad. Aún no habían visto nada. Bakunin le seguía la carrera desde las alturas, comprobando que nadie se interpusiera entre ella y su objetivo. Allí estaba. Orondo como un ballenato, cargado de esteroides para aguantar su propio peso, conectado a una bolsa de alimento líquido para que jamás se detuviera, escoltado por un escuadrón de seguridad completo. Aquel engendro era un servidor y de los gordos. Para aliviar la carga de la red se necesitaban servidores que procesaran y rebotaran la señal y, tras algunos ataques, habían decidido hacerlos móviles. Nada mejor que una persona con un buen sueldo en cyptos para prestarse a ello. Legión no frenó la carrera mientras sacaba su fusil con balas de punta hueca e irradiadas. Con los aumentos, era mejor asegurarse de matarlos, aunque fuera por envenenamiento por radiación. Con la primera ráfaga, consiguió acabar con tres y, mientras el resto seguían sorprendiéndose, Legión golpeó a un cuarto con la culata de su arma. Le hundió el tabique nasal con un desagradable crujido y su cabeza chisporroteó al sobrecargarle la CPU craneal. El tipo cayó al suelo y comenzó a mover el cuello y los brazos con espasmos. El programa estaba intentando reiniciarse, aunque fuera imposible. El servidor miró a Legión con lentitud, su rostro parecía el de una babosa sumergida en un kilo de sal. Tenía la mirada ausente, su pelo ralo parecía quemado y su piel pálida supuraba una mezcla de sudor y aceite. Tenía todos los tendones en tensión, aguantando todo el peso que llevaba encima. Los de seguridad comenzaron a disparar. Las cargas tenían el tamaño de una tarántula y se agarraron al cuerpo de Legión clavando sus ocho brazos metálicos y afilados. Legión sintió una descarga eléctrica recorriéndole el cuerpo. Le adormeció un poco el cuerpo y le dio cierto gusto. Ilusos. Habían atacado con la intención de acabar con sus aumentos internos y ella ya no los usaba. Mientras se le dibujaba una sonrisa ladeada en el rostro, acabó con dos más de una ráfaga corta.

Legión comenzó a arrancarse las cargas que le habían disparado mientras los de seguridad cambiaban los cargadores. No les preocupaba en absoluto, su atención estaba en el servidor. Ese sí que le preocupaba. Los de seguridad le apuntaron al unísono. Bakunin saltó desde la cornisa desde donde estaba haciendo guardia a la cara de un pobre desgraciado. Le arañó y le mordió con virulencia, desfigurándolo por completo. El tipo parecía tener un buen hardware pues pudo agarrar al gato y apartarlo de él. El gato giró la cabeza en círculos de trescientos sesenta grados intentando volver a morderlo, pero el guardia lo apartó y comenzó a estirar de las patas del gato robótico.  Eso sí que no.

Los guardias comenzaron a dispararle mientras ella gritaba para intentar llamar la atención del desgraciado que quería destrozar a su gato. Las balas silbaban buscando carne donde hundirse, pero Legión extendió su brazo robótico y activó el imán de neodimio modificado. Las balas cambiaron su trayectoria y comenzaron a acumularse en la mano metálica de Legión. Dolía como una caída del wifi, pero podía aguantar. Comenzó a acercarse a los guardias mientras ajustaba la posición de su mano, pues los guardias estaban intentando atacar a las zonas más desprotegidas. Y entonces, el servidor, por fin reaccionó. Levantó sus brazos como troncos y rugió con inhumanidad. Mostró sus dientes amarillentos y su paladar negro por el recalentamiento. Legión se detuvo. Mal asunto. Se agachó con rapidez y le reventó las rodillas a balazos a tres guardias más. Los dos restantes fueron aplastados por el servidor, que corría hacía ella apoyando los puños contra el suelo, como un gorila con la rabia. Tenía una oportunidad. Ojalá saliera bien.

El servidor la embistió como un tren desbocado y Legión salió despedida varios metros hacia atrás. Al tocar el suelo, sintió cómo se quedaba sin respiración y tuvo que esforzarse para levantarse. Volvió a extender la mano metálica y con imán a todo lo que daba.

—Acércate… acércate… —dijo Legión entre dientes.

La mole volvió a cargar y esta vez la agarró con sus poderosos brazos para intentar aplastarla a pura fuerza. Legión le metió la mano robótica en el gaznate a ese engendro y él mordió como un pez hambriento. Legión se permitió un segundo para volver a sonreír antes de invertir la polaridad del imán. Las balas que había capturado antes, salieron despedidas en un cono devastador que vaporizó la cabeza del servidor. Legión oyó cómo la fuente de alimentación del gigante se apagaba, como una turbina deteniéndose. Habría sido encantador que se hubiera caído de espaldas, pero se quedó ahí de pie como una estatua blanda. Apoyó una mano en lo que quedaba del cuello del servidor para intentar zafarse y, cuando fue a apoyar la otra, vio que había perdido el brazo robótico en el proceso de detonación. Tendría que fabricarse otro. Oyó un grito desgañitándose y Legión miró hacia el origen con un subidón de adrenalina. Bakunin había conseguido acabar con el guardia que quedaba y ahora se relamía la pata sintética mientras la otra chisporroteaba con un muñón mecánico. Ahora iban a juego.

Legión abrió la bolsa de tela para que Bakunin se acomodara dentro. No podía apagarlo porque ya no tenía un teclado con el que hacerlo, pero quizá era mejor así. Miró la escena que había creado como una artista sangrienta mientras se encendía un cigarro. Ahora habría problemas de conexión en cuanto las líneas se saturaran. No era gran cosa, pero era una victoria. Sería mejor que despidiera el streaming antes de que ocurriera.

—¡Gracias por la suscripción…Helos…Heospho…Heosphorus! ¡Vaya nombres os ponéis! Un placer haber estado otro día aquí. Legión, fuera.

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