Memorias de una madre


La ilustración es de Evan Cagle

Para ver más trabajos en su Web, Instagram o Twitter


La cosecha se pudría antes de estar madura. Los granos ennegrecidos colgaban de los tallos verdes y bien hidratados. Un estertor de su hijo le hizo dejar de mirar por la ventana y acudir. La frente le ardía empapada en sudor febril y parecía ahogarse. Le giró la cabeza para que esputara la bilis, pero en su lugar fueron dientes y sangre. Con cara de terror le sujetó de los hombros para evitar que se hiciera daño con las convulsiones. Murió entre sus manos, con cada músculo en tensión, con la boca desnuda y llena de agonía.

El velatorio se produjo en silencio. El sacerdote no murmuró ni una plegaria. Demasiadas tumbas con tierra removida les rodeaban. Los rostros demacrados de padres y madres, llenos de vergüenza y temor, apartaban la vista. Solo una tumba florecía con elegancia y abundancia.

En su hogar ahora habitaba el silencio. Había perdido cada momento de felicidad y lo que le robaba el sueño es que sabía quién tenía la culpa. Con las manos aún manchadas de tierra fue a por una pala. Pisó los cadáveres de los animales que cubrían el suelo del granero sin prestarles atención. A pesar de llevar muertos algunos días, seguían frescos y calientes. Solo habían perdido los dientes.

Cuando llegó de nuevo al cementerio la noche comenzaba a caer. La tumba era profunda porque así lo había pedido y las flores que la decoraban tenía raíces profundas, aun así no cesó de cavar, mezclando sudor con la tierra y las lágrimas. Tocó la madera con la pala. Al abrir la tapa ahí estaba, su cuerpo menudo atado con cadenas. El ataúd estaba lleno de crucifijos y tenía los labios cosidos. Sabía que tenía la boca llena de láudano porque él mismo lo había hecho. A pesar de los meses que habían pasado, el cuerpo de su hija seguía incorrupto.

Acunó su cabeza en su pecho y lloró en silencio antes de prender fuego al cadáver.

El invierno llegó, mordiente. La cosecha había sido tremendamente escasa y la pena de los padres supervivientes a sus hijos, acompañaba las veladas silenciosas. Aun así podrían salir adelante y todo parecía haberse calmado tras haber acabado con el cuerpo. La sarna atacó en el día más frío de todos, acompañada de una ceguera total y parálisis parciales. Cuando supo de los únicos adultos que quedaban sanos, se río como un desquiciado. Solo habían quedado sin tocar ellos tres. El tribunal del pueblo.

No tuvieron que decir nada, cogieron las prendas más abrigadas y faroles para alumbrar el camino y partieron de inmediato, entre los gritos agónicos y asustados de los que dejaban atrás.

Llegaron al río donde la habían juzgado. Según el proceder habitual cuando se sospecha de brujería, la habían sumergido con peso. Si hubiera flotado, habría confirmado su culpabilidad. Su mujer no lo hizo y él respiró aliviado. Pero las sospechas recayeron directamente en su hija y no tuvo más remedio que proceder con virulencia, como marcaba la ley.

Miraron el agua calmada largamente, esperando lo que sabían inevitable. Una respiración acuática rompió el silencio y los condenó para siempre.



Memories of mother

Corrected and reviewed by María Ivars

The harvest rotted before it was ripe. The blackened grains hung from the green, well-hydrated stems. His son’s death rattle made him stop looking out the window and go to his side. His forehead burned with feverish sweat and he seemed to drown. He turned his head to spit out the bile but instead it was teeth and blood. With a look of terror, he held him by the shoulders to prevent him from hurting himself with the convulsions. He died in his hands, with every muscle in tension, his mouth bare and full of agony.

The wake took place in silence. The priest did not murmur a prayer. There were too many tombs with stirred earth around them. The emaciated faces of fathers and mothers, full of shame and fear, looked away. Only one tomb blossomed with elegance and abundance.

Silence now dwelt in their home. He had lost every moment of happiness and what kept him awake was that she knew who was to blame. With his hands still stained with dirt he went for a shovel. He stepped on the corpses of the animals that covered the floor of the barn without paying attention to them. Although they had been dead for a few days, they were still fresh and warm. They had only lost their teeth.

When he arrived back at the cemetery the night began to fall. The tomb was deep, he had asked for it and the flowers that decorated it had deep roots, yet he did not stop digging, mixing sweat with the earth and tears. He touched the wood with the shovel. As he opened the lid there she was, her tiny body tied up with chains. The coffin was full of crucifixes and her lips were stitched. He knew that her mouth was full of laudanum, he had filled it himself. Despite the months that had passed, his daughter’s body remained uncorrupted.

He cradled her head on his chest and cried in silence before burning the body.

Winter came, mordant. The harvest had been tremendously scarce and the grief of the surviving parents to their children accompanied the silent evenings. They could still make it, and everything seemed to have calmed down after they had finished with the body. However, scabies struck on the coldest day of all, accompanied by total blindness and partial paralysis. When he discovered who the only healthy adults were, he laughed like a madman. Only the three of them were untouched. The people’s court.

They didn’t have to say anything, they took the warmest clothes and lanterns to light the way and left immediately, among the agonizing and frightened cries of those they left behind.

They reached the river where they had judged her. According to the usual procedure when witchcraft is suspected, they had submerged her with weight. If she had floated, she would have confirmed her guilt. His wife did not and he breathed a sigh of relief. But the suspicion fell directly on his daughter and he had no choice but to proceed with virulence, as prescribed by law.

They looked at the calm water for a long time, waiting for what they knew was inevitable. A breath of water broke the silence and condemned them forever.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .