La story de aquel cumple

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La imagen es obra de Marina Anaya, a quien podéis seguir en su página web, Instagram, Twitter, Facebook, o Pinterest.

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Ha pasado ya un año desde aquella etapa mía en la que decidí odiar a todo el mundo. Valorándolo ahora, en perspectiva, quizá fue una decisión algo exagerada. Debería haber odiado tan solo a quienes no acudieron a mi fiesta de cumpleaños. Pero en aquel momento esas ausencias me sentaron tan mal que decidí, por extensión, odiar a todos.

A mi fiesta de cumpleaños del año pasado no se había presentado nadie. Nadie, excepto mi amiga Aroha, claro. Pero aparte de ella, nadie más. Ninguna de las personas a las que me había encargado de enviar una invitación formal y personalizada. Había pasado el trabajo impagable de organizar una fiesta temática en torno a Spectrum Star Searchers, mi serie sci-fi favorita. Así que cuando vi que todo había sido en vano, me hundí bastante, para qué voy a mentir.

Aroha compartió en las redes una story sobre mi fiesta, uno de esos fugaces vídeos que todo el mundo puede ver durante veinticuatro horas. En el vídeo se veía la decoración impecable, la sala desierta y yo, disfrazado de Barry Brave, el protagonista de Spectrum Star Searchers, sentado en una esquina con la cabeza hundida en el pecho. A ver, entiendo que lo hizo con intención de darme apoyo, para mostrar al mundo la sensacional fiesta que se había echado a perder y para que todos lamentasen amargamente no haber venido. Pero a mí me pareció que era un poco como hacer leña del árbol caído, así que también la incluí a ella en mi particular y abarrotado rincón del odio. Sin embargo, antes de que esa story suya desapareciese de la red, sucedió algo que nos dejó bastante flipados. No sé cómo, Greg Fichman vio el vídeo y puso una respuesta. Greg Fichman, el actor que interpreta a Barry Brave en la serie Spectrum Star Searchers . El mismísimo Greg Fichman. Dijo algo así como “cómo mola esa fiesta, el año que viene no me la pierdo, ¿eh? Reservadme una invitación. Jajaja, carita sonriente, carita guiñando ojo”. Lo dicho, flipamos. El odio que le había profesado a Aroha por publicar esa story se esfumó en el acto.

Y todo esto nos lleva a mi fiesta de cumpleaños de este año. La fiesta de cumpleaños más multitudinaria en la que haya estado jamás. Aproveché la misma decoración que ya tenía, que estaba impoluta, e hice una reedición de la fallida fiesta del año anterior. La única diferencia es que esta vez mi casa estaba abarrotada de gente. Ni invitaciones formales ni nada. Aquello era una feria. A quien le había apetecido venir se había presentado sin más. Así, a chorroborro.

Unos días antes de la fiesta le había dejado un mensaje a Greg Fichman, a su cuenta oficial, invitándolo a la fiesta. Aunque en realidad yo no albergaba esperanza alguna de que fuese a aparecer. La gente que había venido parecía, en cambio, estar satisfecha con la expectativa de que sí lo haría.

En la fiesta me iba encontrando con gente a la que apenas conocía. Admito que no recordaba del nombre de todos. Estaba, por ejemplo, aquel tipo que una vez hizo una broma a mi costa en el gimnasio, porque al parecer yo estaba un poquito enclenque. Ahora me sonreía en plan “eh tío, buena fiesta, ahora que veo que eres guay ya no se me ocurren bromitas de mierda”. O la recepcionista de la biblioteca, una chica un tanto inquietante. Cuando me acercaba a su mostrador para preguntarle por algún libro, dejaba momentáneamente su móvil a un lado para buscar la información rápidamente en el ordenador, y te decía el número de pasillo y el estante solo tras volver a coger de nuevo su móvil. Todo ello sin mirarme a la cara en ningún momento. Ahora ella y su móvil estaban en mi fiesta y, al menos ocasionalmente, sí que dirigía alguna mirada al resto de la gente.

En fin, alguna gente aparentando que me conocía. Otros sin disimular en absoluto que se habían acoplado porque sí. Yo intentando hacer el papel de buen anfitrión, saludando amable y sonriente a todo quisqui. Muchos ni me devolvían el saludo. La mayoría de los que estaban allí, o bien ni tan siquiera sabían quién era yo, o bien estaban demasiado ocupados subiendo selfies y stories a la red. Estaba siendo el evento más comentado de aquel momento, y el que más y el que menos quería sentirse partícipe.

Cuando la mayoría ya empezaba a desconfiar que Greg Fichman no iba a aparecer por allí, hubo quien optó por ir abandonando la fiesta. Fue entonces cuando se empezó a propagar un murmullo que fue creciendo en intensidad de una forma rapidísima. Resulta que Greg había subido una breve story diciendo algo así como “aunque no pueda estar presente en esa fiesta estupenda que os habéis montado, que sepáis que estoy con vosotros de corazón gente. ¡Pasadlo genial!”. Hubo unos minutos de psicosis, en los que la gente trató de plasmar de alguna manera, con fotos, vídeos, grabaciones de audio… ese momento en el que Greg les había hablado a ellos, como si fuese un colega de toda la vida. Después, todo se fue calmando poco a poco. La cosa no daba para más.

La verdad es que no tengo nada que reprocharle a Greg. Fue todo un detalle que dedicase dos instantes de su vida a hacer que nuestras existencias se rozasen levemente. Después de aquello nuestras trayectorias no han vuelto a encontrarse jamás, salvo por todos los capítulos de Spectrum Star Searchers que continué viendo hasta el final de la serie. Aunque no creo que él fuese consciente de eso. Pero, al menos, me ha dejado una anécdota de la que echar mano en caso de necesitar algo con lo que adornar cualquiera de mis conversaciones futuras.

Tras evidenciarse que la story de Greg era todo lo que íbamos a tener de él aquella noche, la gente comenzó a esfumarse, igual que en las redes sociales se esfuman los vídeos y las fotos de las stories una vez finalizadas sus veinticuatro horas de vigencia. Me dejaron una casa sucia y descompuesta que me iba a tocar recoger solo a mí. Reconozco que en este aspecto la fiesta del año pasado había resultado mucho mejor. Aunque, para qué me voy a engañar, en el resto de aspectos tengo que admitir que ésta tampoco resultó ser una fiesta especialmente memorable.

Cuando, resignado, me disponía a empezar con las tareas de limpieza, me di cuenta de que no me había quedado solo. Aroha estaba también recogiendo cosas. Me acerqué a ella y la abracé. Noté que ella no lo había visto venir, y le había cogido por sorpresa. La verdad es que era algo que yo no acostumbraba a hacer, a pesar de tener sobrados motivos para darle ese abrazo. Pero se me pasó por la cabeza que pudiese llegar a pensar que la abrazaba porque ella había sido al fin y al cabo quien había propiciado que mi fiesta hubiese alcanzado aquella dimensión tan loca. Temía que pensase que yo quería agradecerle simplemente la fiesta en sí. Y la verdad es que mi abrazo no tenía nada que ver con eso. Y, además, quería que quedase bien claro.

Así que me interrumpí y le dije “que sepas que te abrazo porque tú no eres una story”. Ella sonrió, y me devolvió el abrazo.

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