Afección

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Era su primera vez.

 

Es difícil explicar la sensación. Hay personas que lo han vivido, otros que no. Algunos lo vivieron hace mucho y lo han olvidado. Otros no han dejado de vivirlo cada día de su vida. Empieza con una sensación de calor en el bajo vientre y fría en la punta de los dedos.

 

Siguieron el protocolo reglamentario: una desbordante pasión que le hizo darse de bandazos contra muebles y paredes. Intentar beberse el uno del otro sin éxito, y volverlo a intentar. Agarrarse de las manos, entretejiendo los dedos y blanqueando los nudillos. Morder, arañar, jadear, despeinarse, dar pequeños saltitos a la pata coja para deshacerse del pantalón perdiendo toda elegancia, batallar con el sujetador, los calcetines y los botones. Sinceramente, fue una actuación sin fisura ninguna. Ejecución, puesta en escena, un control total de los tiempos y el ritmo. Piruetearon hacia la cama y entonces se detuvieron… algo salió terriblemente mal.

 

No quiero incomodar. Entended que es algo que pasa cada día, con formas y sabores diferentes, pero siempre invisible. Tenéis que aceptar que estas cosas pasan y que podéis ser la siguiente víctima. No quiero risas, ni siquiera una medio sonrisa. Estamos hablando de algo serio.

 

El gato se coló en la habitación en el momento justo en el que ocurrió. No es algo importante porque el felino se preocupó más de mirar por la ventana con la cortina retirada que en observar lo que acontecía a escasos centímetros de él. Creo que tampoco podría haber observado mucho, aunque quizá me equivoque porque se dice que los mininos pueden ver cosas imperceptibles a los sentidos, pero cualquier ojo normal solo vería a dos personas sanas, adultas, desarrolladas y enteras mirándose uno al otro.

 

Era su primera vez. Empieza con una sensación de calor en el bajo vientre y fría en la punta de los dedos. Estos primeros síntomas denotan una terrible enfermedad que agoniza en nuestros días, pero aún existen pequeños focos de infección. Normalmente no es mortal, aunque se han dado casos.

 

Tras ese binomio de sensaciones de frío y calor se desarrolla hipersensibilidad en la piel, suspiros incontrolables, felicidad inexplicable, tos seca por ataques de risa, complicidad en la zona de la cabeza, ojos y corazón. Sensación de ardor en los labios, hiperplenitud personal e hipersensibilidad por la ñoñería, el otoño, las buenas añadas vinícolas en la cena y posible acuñación de términos cariñosos.

 

La afección del afecto. El carismático cariño y el pasmo pasional. La térmica ternura hasta la quemazón del querer.

 

Era su primera vez, quizá no fuera la última pero sí que sería especial. Las recaídas son inevitables una vez se ha contraído la enfermedad por primera vez, de manera accidental y sin pretenderlo. Quizá estemos a punto de acabar con los pequeños reductos de la afección del afecto…mi consejo, como profesional, es que, si comienza a presentar algunos de los síntomas aquí enumerados, cierre los ojos, suelte todo el aire y déjese llevar sin miedo ni reticencia. Hágame caso, soy médico.


La ilustración es de Lyona

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