Sarah A.G.E.N.T.

sarah agent

Frunció los labios finos al despertarse en la simulación. La sensación era precisamente esa, la de despertar de un sueño. La espesa luz blanca fue rebajándose lentamente. Junto al paisaje, aparecieron las primeras sensaciones. Aire fresco. Olor a tierra. Madera. Murmullo de agua. 

El jardín era enorme. Un camino de tierra acotaba distintas zonas repletas de helechos bajos, pinos y hayas. Flores silvestres salpicaban la frondosidad. Los vinagrillos se mecían atónitos. Cuando el paisaje se ajustó, comenzó la exploración siguiendo las pautas del entrenamiento: caminó sin escoger una dirección concreta, dejándose llevar, realizando amplios giros con el cuello y los ojos en busca de… su huésped.

Pronto se topó con un muro de piedra: los límites. Casi siempre son recreaciones tomadas de ruinas y construcciones antiguas, como alcázares o castillos. Es lo que guardamos. Mejor dicho, es lo que queda cuando el resto de información concreta está desapareciendo de tu mente… cuando está desapareciendo porque… te mueres.

El muro se extendía a ambos lados ¿qué dirección escoger? Se sentía como Alicia en el país de las maravillas. En cada simulación regía un orden distinto. Cada cosa tenía su sentido. Y aun así, todas se regían por patrones muy generales que permitían avanzar por niveles de una especie de videojuego secreto. Oteó a un lado y a otro, parada frente al muro. Cerró los ojos y enfocó en su respiración. Controla. Relaja. Focaliza. Recuerda el entrenamiento. Las simulaciones tienden a revelarse, de alguna forma te atraen a su centro. Por eso es mejor dejar la mente en blanco y esperar a que te muestren el camino. En todas hay un gato de Cheshire…

Pero le costaba relajarse. Últimamente se encontraba como descolocada. El tiempo entre salto y salto se le había hecho pesado y confuso. La Agencia espaciaba los saltos varios meses, el tiempo necesario para que los agentes puedan sacudirse la impronta de cada simulación. Entrar virtualmente en la mente de un muerto tiene efectos secundarios. La persona fallecida es sometida a crio-éxtasis y La Agencia de recuperación de datos tiene unas 72 horas para entrar, así es como funciona. Cuanto más tiempo pasa, menos información queda, más difícil es acceder a ella. Cuando los datos se van borrando de la mente, la representación tiende a basarse en generalidades. Clichés. Repetición. Plagio. La mente muerta tiende a igualarse a las demás. Sí, la muerte nos hace a todos iguales.

Un aroma familiar a tabaco y a menta: a su izquierda. Siguió con la mirada el recorrido del muro. La humedad había marcado parte de la piedra y el muro parecía tener dos sabores. Una decena de metros más allá  lo vio: un banco de hierro bajo un roble esplendoroso. Un anciano sentado, vestido completamente de blanco. Parecía estar leyendo.

Comenzó a cruzar la zona de helechos hacia el roble, dando grandes zancadas. Olor intenso a tierra húmeda. Le encantaba. Le recordaba… pero no. Si se dejaba llevar por las sensaciones acabaría a merced de la simulación. Mente clara. El entrenamiento. ¿Lo había utilizado para endurecerse? Había elegido una vida solitaria. Escondida tras una identidad falsa, con la obligación de controlar metódicamente las emociones. Nombre en clave Sarah. Así se llamaba ahora. La noche anterior, después de cerrar el grifo de la ducha, se había envuelto en la toalla y sentado de cuclillas en la bañera. Estuvo así un rato, mirando fijamente una gota de agua a punto de escurrirse por la loza, deseando que cayera.

Braid leía un libro sentado en un banco bajo un roble: Alicia en el país de las maravillas. Iba vestido de blanco, en una recreación idealizada de sí mismo. Un extraño canto como de ave exótica sonó en un punto alejado del jardín. Sarah observó al anciano, confusa por el aroma a tabaco y menta. La expresión de Braid se congeló y no había manera de decir si reía o lloraba. La simulación sufrió una sacudida, como una onda. Un fruto desconocido, grande y pesado, pareció caer y chafarse en el centro del pecho de Sarah, que sintió ganas de llorar. Es la simulación, se está adueñando de ti. ¿Se lo había dicho a sí misma o había sido el viejo? Una nueva sacudida, esta vez acompañada de un estallido momentáneo de glitch y nieve televisiva alrededor. Milésimas de segundo después, estaba todo igual. No, todo no. El libro que Braid tenía abierto sobre las piernas, un libro de cuentos, ya no era Alicia, los dibujos en las páginas habían cambiado. No estaba segura, nunca había visto al Jabberwock. Se dio cuenta de que estaba totalmente dominada por la simulación y entró en pánico.

-Hay alguien más aquí.

Las palabras salieron de detrás de la cara del anciano, que funcionaba ahora como una pantalla plana. El muro que rodeaba el jardín saltó en pedazos. La tierra húmeda se arremolinó y se elevó en una columna oscura, como el soplido de una gigantesca ballena. Cuando la ventisca negra la rodeó por completo, Sarah sintió que todo se apagaba, rápidamente, bajo el rostro de cuencas oscuras y las múltiples hileras de dientes.

Con la fantástica ilustración cortesía de Martin Corella, de quién puedes ver más en Facebook y por supuesto asomarte a su Instagram

 

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