La predicción

af_nicte

Hoy se cumplen 20 años y todavía no ha pasado nada.

Me dijo que lo había visto como nunca antes, que las cartas nunca le habían sido tan reveladoras. Iba a perder mi trabajo, me iban a robar, mi mujer iba a abandonarme y se llevaría a los niños. Después me meterían en un asunto turbio, me enredarían en un tema de drogas, me meterían en la cárcel y allí me clavarían un puñal. Esa era la predicción, al menos lo estaba siendo hasta que descubrió la última carta. Era la noche, la imagen de una Diosa alada de ojos cerrados y expresión sencilla. Aurora me clavó la mirada y me pidió que me fuese de allí. Le pedí explicaciones, grité, me levanté con fuerza de la silla y le rogué que me dijese que había visto.

Se había equivocado, toda la lectura que había hecho hasta el momento era errónea, no tenía nada que ver con la realidad, aquellas cartas no hablaban del trabajo ni las drogas, nada parecido. Era todavía peor. Mi destino estaba abocado a una gran desgracia: encontraría un trabajo en una fábrica de cuarenta y cinco horas semanales, un trabajo odioso al que me acostumbraría a cambio de estabilidad. Pasaría mis noches tranquilo viendo la televisión. Una vez por semana me bebería una botella de vino para poder acostarme con mi mujer y mientras me imaginaría que lo estaba haciendo con otra. Jamás volvería a recordar un sueño. Me despertaría cada mañana complacido y sin saber jamás qué me estaba perdiendo. Nunca más miraría a aquella mujer en secreto, ni me sonrojaría cuando me pidiese un beso a escondidas. No volvería a bailar como loco sin motivo, ni a cantar, ni a gritar desde lo alto de una montaña, no volvería a escribir ni siquiera una carta a mi madre, no volvería a querer de verdad a nadie. Sería estable, equilibrado con la sociedad, un buen trabajador, un buen padre, un buen vecino, mi vida no le interesaría nunca a nadie, nadie preguntaría por mi jamás.

Me derrumbé, caí a plomo sobre la silla y me eché a llorar. Aurora se levantó, se acercó hasta mi y me levantó la cara con una caricia en la barbilla:

-No pasa nada, Fernando –dijo con voz muy suave- mucha gente querría este destino.

Me levanté enfurecido, aparté a aquella bruja indeseable de un empujón y la tiré al suelo. De un golpe lancé la mesa contra una pared. Enloquecí. Recogí cada una de las cartas y las fuí partiendo frente a los ojos de la vidente:

-¡Eso no va a pasar conmigo! -gritaba- ¡Eso no va a pasar conmigo, bruja!

Despedacé la rueda, el mago, los amantes, la muerte y el loco. Ella balbuceaba, inmóvil, asustada. Ya sólo quedaba una carta: la noche, aquella que cerraba la fórmula, la que me condenaba. La levanté para rasgarla pero no pude hacerlo, vi aquella mujer, aquella Diosa alada y por un momento sentí que me miraba y al fin supe qué debía hacer.

-Me la llevo -le dije a Aurora amenazándola con un dedo- nadie se atreverá jamás a hablarme de mi destino.

Desde entonces han pasado veinte años y gracias a la Diosa todavía no ha pasado nada, aún no se ha cumplido aquella maldita predicción y espero que no se cumpla jamás.

El arte es de Phrenan (Fernando Martín) y podéis seguirle en:

Flickr: https://www.flickr.com/photos/phrenan

Facebook: https://www.facebook.com/Phrenanillustrations/

Deviantart: http://phrenan.deviantart.com/

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