Las últimas palabras de Bruno Alarcón

«Tenía la piel caliente como las lagartijas. Miré hacia abajo, agarrándome a la roca con los dedos de los pies, como si todo mi cuerpo me avisara de que saltar a ese agua fría era una estupidez. Con lo cómodo que se estaba arriba, moteado por la luz entre las ramas, tumbado sobre un lecho…