Guerreros de nácar

    La salida fue lo que más le costó. Tuvo que estamparse contra las paredes de su pequeña habitación, con la cabeza, con las manos, incluso a mordiscos… pero salió finalmente. Buscaba una bocanada de aire, al romperse la pared ovalada, el contenido se desbordó hacía fuera y pudo respirar, incluso recibir una brisa…