Fuego

—Eres fuego —le susurró al amanecer. Sus labios rozaban la mejilla de Akane, y las yemas de sus dedos recorrían su cuello, la línea de su clavícula, trazando después un camino hacia su vientre. Ella abrió los ojos y sonrió. Estaba preciosa bajo aquella luz rosada, con el pelo alborotado y unos mechones rebeldes adornándole…